De los Chinamitos


 

Chinamitos, Leyenda: Los habitantes de esta zona tienen la creencia de que los niños al morir si no han sido bautizados o son niños malignos, quedan vagando en el mundo de los vivos y se dedican a llamar la atención de otros niños, pues no tienen muchos compañeros con quien jugar. Por esta razón tratan de enamorar y encantar a otros de su misma edad, para de esta forma llevarlos a formar parte de su mundo y así tener con quien jugar. Cuentan algunos pobladores que los chinamitos tienen aspecto de niños normales, pero cuando caminan lo hacen con la punta de los pies y ocultan sus orejas puntiagudas con el cabello. Se ha convertido en una creencia que ha pasado de generación en generación y muchos de los padres al nacer sus hijos no olvidan bautizarlos, pues los chinamitos suelen recordárselos con su presencia.

 

En la Isla de Margarita se habla con mucha frecuencia y con bastante insistencia acerca de los duendes, de los chimichimitos y de los sinamos o chinamitos. En relación a cada uno de ellos se tejen definiciones distintas y se les asignan atribuciones diferentes. A estos últimos se les niegan condiciones de angelitos porque se dice que carecen de alas. Más bien se les atribuyen categorías de duendecillos, enviados por Dioses de otros mundos para que les sirvan de mensajeros. Se comenta que bajan del cielo en las noches de "media luna" en cantidades asombrosas, pero sin conocerse su procedencia exacta. Que caen así como los "gajos" de las virazones, o como nubes de simples muñequitos, o como las lluvias de granizo y que tal como vienen se van. Que hacen diabluras a su paso por la tierra y que recogen a los muchachitos "herejes" (sin bautizar) que encuentran descarriados, los adormecen y se los llevan para sus mundos con la velocidad del pensamiento y aunque los vuelven a traer rápidamente, vienen tan desfigurados o diferentes como si hubieran pasado por allá mucho tiempo, y tan atemorizados que no se atreven a contar nada de lo que vieron ni a decir siquiera a donde fueron; pero teniéndole cada vez más miedo a los sinamos o chinamitos, que el diablo a la cruz.


A nadie de este mundo le ha sido posible agarrar a un sinamo o chinamito, por más que le hayan armado las mil trampas creadas por las mentes humanas, o les hayan rezado cuantas oraciones existan sobre la faz de la tierra, o se hayan valido de todas las argucias inventadas por los brujos, brujas y sus secuaces. Pero sí hay muchas personas que aseguran haberlos visto más de una vez, escuchado sus siseos, percibido sus olores y haber estado muy cerca de sus irradiaciones, y por eso pueden dar fe de que son seres muy inteligentes, que en un santiamén se estiran o encogen, crecen o se empequeñecen, se ponen gordos o flacos, de acuerdo a lo que más les interese o para hacer lo que les venga en ganas. Que sin necesidad de la fuerza bruta, o sea, sin pegarles las manos a nada, así como se las ingenian para llevarse un niñito, mueven también una piedra por más grande y pesada que sea, o cualquier otra cosa de este mundo. Que cuando están llevando a cabo sus trabajos no se les escucha sino un ligero y bajísimo chirrido o silbato, o lo que es lo mismo, un siseo, como el que desprende el "chaparro" al accionarlo fuertemente al aire libre una o más veces. De allí que se tenga que presumir que más actúan con el pensamiento que con el cuerpo. 

 

Se asegura que las antiquísimas cuevas que existen en diferentes partes de la Isla fueron hechas por esos seres misteriosos en épocas tan remotas que la mente humana no tiene derecho a recordar; asimismo, que las piedras grandes o peñas que se encuentran en otros tantos lugares, fueron trasladadas por ellos de un sitio a otro en diferentes épocas, y hasta se va más allá al creer que estuvieron presentes en las formaciones de los cerros cuando la creación del mundo.

 

De todas maneras, para la gente del pueblo, claro que para los más ancianos, los sinamos o chinamitos existieron y existen todavía aunque menos que antes, y así lo han venido trasmitiendo de generación en generación hasta nuestros días. Y como en muchos lugares dan versiones diversas acerca de ellos, ésta no es sino una de tantas.

 

Información tomada del genial Cheguaco 

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